Review: Carlos Rizzi – Now Here Nowhere

Por: Alejandro González Castillo

En su primer LP, Carlos Rizzi pinta una realidad acuosa y dramática, llena de sonidos espaciosos que logran evocar escenas  tenuemente surrealistas.  

No pude evitar pensar en El Padrino al ver el nombre Carlos Rizzi. Sagaz forma de generar curiosidad sobre lo que está detrás de ese aparente juego de palabras, o mejor, de nombres, pensé. ¿Así sonaría la música de Carlo Rizzi, el personaje de la película, si fuera productor? Después me di cuenta de que puede ser simplemente una coincidencia. Una afortunada, supongo. Está muy bien tener una conexión tan espontánea con una de las que se considera como una obra cumbre del arte cinematográfico, aunque sea por medio de un personaje tan controversial.

La primera vez que escuché Now Here Nowhere, lo hice pensando en El Padrino. Como intentando descifrar el misterio detrás de los primeros sonidos que se abordan en este espacioso y enigmático disco. Sin embargo, durante la totalidad de su curso, el primer larga duración de este colombiano radicado en Alemania, se despliega con un sonido bastante definido y mesurado. 

Durante los primeros 15 minutos del disco, encontramos un bloque de tracks que nos sumergen en una sigilosa narrativa, evocando una aparente tranquilidad propuesta en “Intro”, track con el que abre el disco, la cual luego se ve secretamente alterada en medio de las capas y recónditas melodías en el pico de “Standards”, que finalmente desembocan en un entramado de ambientes que asemejan cuevas muy profundas en las que en el fondo encuentras una inquietante pero atrayente humedad en el final de “Interlude I”.

En “Glaciar”, el centro del disco, comienza una nueva etapa, una con una secuencia de sonidos con algunas pinceladas trip-hoperas, sacando a relucir una gran carga de mentalidad y beats que parafrasean sutilmente producciones de finales de los años 90 del estilo de Massive Attack, Portishead e incluso Björk. Uno de los cortes más relucientes de todo el álbum.

Los helados sonidos acuíferos de Now Here Nowhere se retoman junto con la mesura y el apaciguamiento en “Phasianidae”, tema que le abre puertas a lo que considero una de las mayores sorpresas en el disco, no sólo por la réplica de la táctica de plot-twist rítmico acercándose al final, sino por la aparición de los primeros recursos vocales en el disco, que luego se convierten en la base que anuncia el inminente surgimiento de lo que es prácticamente una versión alternativa de la misma canción. 

Este último segmento del disco, es el más cargado rítmicamente, como queriendo expresar el arribo a un lugar donde no tenías claro que querías estar, pero a donde finalmente has llegado. Una vez allí estás decidido a explorar hasta el último rincón, pero de manera súbita se reduce a nada en un fugaz destello. Esto es lo que ocurre durante “Broken Handshake” y “Cosmic Light Horizon”, donde se descarga toda la energía que venía siendo represada desde inicios del disco, pero que logra imponerse decisivamente durante sus minutos concluyentes.  La onda de Now Here Nowhere es intrínsecamente reflexiva y existencial, con varios giros dramáticos que intensifican la incertidumbre, pero que avivan las ganas de seguir, y llegar hasta el final, así ese final sea la nada absoluta.

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