Mi primera vez en una fiesta underground

Por: Catalina Betancourt García

Era viernes a las 10 pm y el frió de las entrecalles industriales bogotanas nos anunciaba que no encontraríamos fácilmente la dirección del evento, pasamos varias veces por la única cantina abierta y cada vez se alejaba más la idea de hallar el lugar. El desespero nos obligó a preguntar en aquella cantina si sabían algo del evento, pero ¡Oh, sorpresa!, habíamos llegado al lugar indicado. Al cruzar la puerta el tímido beat se confundía con la música de despecho; en las mismas mesas de la cantina estaba ubicada la taquilla del evento, después de la requisa y con la manilla neón sabíamos que iba a ser una gran experiencia.

Ocho metros después el ambiente se había transformado por completo, la luz roja dotaba a todos los espectadores de un aire sensual, el beat nos acercó hasta la tarima y nos dimos cuenta que aún era muy temprano. Este espacio era una cancha de tejo despojada del juego, la producción del show visual estaba ubicada en la parte donde se lanza el tejo, justo donde estalla la pólvora, y la cabina del DJ se contraponía horizontalmente a este. Las personas iban llegando poco a poco, cada una con su propio estilo resaltado, claramente, en su forma de vestir; ¿quién imaginaría que toda esta acción se camuflaba en la fealdad de las industrias de paloquemao?

El tiempo trascurría y el techno iba despertando una fascinación en mi por la extrañeza de esta experiencia, dado que era mi primera asistencia a un evento y una fiesta de este tipo. Estaba sentada en unos cómodos sillines, ubicados al respaldo de la cancha, admirando cómo el rojo resaltaba las facciones de cada espectador que se iba sumando a esta noche. La embriaguez de esta novedad logró seducirme y me lance a la cancha a explorar el beat de los nuevos sonidos para mí, era el toque de Matt Cano, tímidamente me acerque a bailar  ̶-resalto mi timidez porque para tomar esta iniciativa siempre necesito un poco de alcohol, sin embargo, estaba absolutamente sobria ̶ . Comencé a ver que la mayoría de personas disfrutaban del ritmo desde su individualidad, fue mi primer shock; cada quién era seducido por la música y poco a poco se iban entregando a la embriaguez de esta experiencia desde su concepción personal de ritmo y baile.

Pensé en la comunión entre imagen y música porque tanto el VJ como el DJ deben dominar el mismo lenguaje abstracto para involucrar los sentidos del espectador, de este modo la experiencia en vivo transformó por completo mi concepto de música porque logré comprenderla desde el deleite de la fragmentación del hombre. Para explicarlo, imaginé estos sonidos industriales fragmentados explorando los paradigmas de la noción de música representados en el baile solitario de cada espectador, logrando un nivel máximo de éxtasis dado a la experiencia visual de este evento. Así percibí, con el sonido de Néstor Guzmán, que me encontraba ante un nuevo tipo sensibilidad: musical, visual y corporal. Me pareció maravilloso encontrar que en Bogotá existen eventos que son la iniciación a experiencias profundas de la música viva en su máximo esplendor.

De modo que desde el éxtasis sensorial logré disfrutar plenamente de este evento clandestino. La música me hizo pensar que este espacio era el propicio para explorar la noción de libertad, de forma que el baile de cada espectador solo demostraba que cada uno estaba en comunión con su búsqueda de libertad ¡aquí en una cancha de tejo bogotana!, me dije a mi misma ¿por qué debemos escondernos para experimentar la libertad? y la pregunta se difuminó entre el sonido y la embriaguez de la emotividad que causo la llegada de Manni Dee. El cansancio, el dolor de rodillas o la mezcla de olores no afectó para nada el punto clímax del evento, ya que con su sonido veloz y sus mezclas industriales logró contagiar la mayor energía a los espectadores bogotanos.

Después de un tiempo se me dio por mirar la hora y me di cuenta que la noción de tiempo en estos espacios se transforma al saber que eran las cuatro y treinta de la madrugada, en este nuevo amanecer me percaté que no había sido la única conmocionada por los grandiosos toques; a mi alrededor había una gran cantidad de personas menores y mayores que, al igual que yo, disfrutaban en igual medida de esta experiencia. Me sorprendió la energía de las personas mayores que habían aguantado toda la madrugada con el mismo ánimo vigoroso y con su espíritu igualmente joven.

Por otra parte, la cercanía entre los DJ y el público era algo de admirar porque había una gran comunicación de emociones que iba en crescendo a pesar de la prolongada descarga de energía, esta energía parecía inagotable; de modo que los altibajos de la música solo guiaban las bocanadas de goce que se respiraba en aquella cancha. La vibración de la música era palpable a través de los colores que emergían del trabajo del VJ y el beat del DJ se proyectaba en todo el escenario por la vigorosidad de la luz, esta descolocación de sentidos hacía de este lugar algo sublime que, como espectador, hubiese querido que nunca acabara.      

De pronto, la luz del amanecer se empezó a colar en las láminas del techo de la cancha, cada quién empezó a redescubrir los rostros de su vecino, las luces y los visuales se fueron opacando por la potencia del sol. El sonido seguía vibrando, solo que, con una nueva sensación, porque cada vez el espacio se iba prolongando dado a que no todos los espectadores aguantaron hasta la madrugada, así que el beat retumbaba en el cuerpo de manera distinta. Era un nuevo amanecer y estoy seguro que todos nos sentíamos igual de renovados, la descarga de energía había alcanzado rincones imaginados en nuestros cuerpos. El cansancio me pudo a las siete de la mañana, me senté a disfrutar porque así mi espíritu quisiera seguir, mis piernas ya no respondían. De pronto un amigo dijo: “Cata, aguantaste todo el evento. ¡Nadie se inaugura con un evento clandestino!”, ahí entré en razón de que todo esto no había sido producto de un sueño. Cuando salí del lugar, además de sentirme felizmente afectada por el zumbido del beat en mis oídos, miré mi muñeca y me dije: ¡Wooow, qué maravilla! ¿cuándo será el próximo evento de Sensor?

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