-1 noche de viernes en la capital

Por: Dark Sider | Ph. @juanunodostres

Todo encaja sospechosamente bien en el nuevo microclub -1. Puede que todo haya estado muy bien pensado, o que sencillamente todo sea un conjunto de amables coincidencias, pero siento que cada detalle de la experiencia que se vive al visitar el club está milimétricamente diseñada para evocar el espíritu de algo que llama a los reducidos pero entregados asistentes al lugar: el minimal. Les cuento por qué.

Alguna vez había fantaseado con poder asistir una fiesta tan under que la entrada fuera bien caleta, como que tocara caminar por en medio de un supermercado para poder llegar, como en este vídeo: 

Exactamente así es la vuelta en -1, pero con más frutas, más verduras, más carne y más pollo.

Pero bueno, entremos en detalles. Comencemos por la ubicación del lugar. Para nada visible desde algún punto de la calle, sin aviso ni anuncio aparente. Para entrar se debe atravesar una de las tiendas de frutas y verduras más concurridas de la calle 85, hasta llegar al punto del frigorífico en donde la música se empieza a escuchar más fuerte y se encuentran unas escaleras que dirigen hacia el subnivel del el misterioso lugar toma su nombre, -1. No puede existir otra definición más apropiada para este lugar que la de microclub, esto porque la capacidad de aforo del lugar es bien, pero que bien reducida, algo que viene como anillo al dedo porque: 

  1. Siendo completamente honestos, no a muchos en Bogotá les gusta el minimal, y
  2. se presta para que al grupo de gente que de verdad disfruta esa onda musical tenga un lugar estratégicamente pensado en donde gozarlo.

Personalmente creo que es una idea espectacular, no solo como fan del minimal, sino como fan de las soluciones modernas a los problemas modernos y como consumidor en el mercado musical de Bogotá. Pero, ¿por qué?, se preguntarán ustedes. Bueno, les respondo: ubicación central para muchos y extremadamente fácil de recordar, un espacio a la medida justa del público para el que está pensado, un concepto innovador del cual todavía falta mucho más por ver y donde, ojo que aquí hay spoiler, mientras usted está bailando un ascensor inmenso le pasa al lado muy casual mientras que justamente arriba suyo en medio de la pista de baile, el techo se presenta entre luces que le atraviesan en medio de tuberías, metal y concreto. El mismo concreto del cual se reviste el lugar entero y el DJ booth que se incrusta sólidamente en el suelo, generando una sensación cercana a la de una altar, pero uno erigido para los dioses de la cadencia, el ritmo y amorfas melodías acompañadas por sonidos fina y meticulosamente calculados. 

En este punto ya llegamos a lo inevitable y es toda la controversia del minimal y las clasificaciones y todas estas discusiones que, aunque parezcan bizantinas, logran levantar pasiones. Para muchos un género que no existe, o que no es clasificable, todo un enigma. Ese indescifrable enigma que también define muy bien el estilo musical al que muchos nos referimos con este hermoso vocablo. Ah, el minimal: un esfuerzo auditivo en el cual usted como escucha debe realizar todo un esfuerzo de deconstrucción de sonidos abstractos que se sobreponen en melodías a veces casi presentes, pero que con una elegancia enorme permiten definir con el cuerpo los más cadenciosos y elegantes movimientos de baile. Sin duda el minimal, un género odiado y desprestigiado por muchos, que no es nada popular en las grandes escenas del mundo, y que tan solo a excepción de algunos países de Europa del este, se disfruta en festivales hechos única y exclusivamente para los fritos a los que le gusta esa música tan rara.

La noche de opening de este fabuloso sitio estuvo marcada por exquisitos acontecimientos. Por un lado la llegada del italiano Topper, reconocido por sus producciones junto al sello berlinés Sleep is Commercial, junto a otros grandes del terreno del minimal mundial como Anthea y Seb Zito, quienes también han hecho parte del portentoso y extenso listado de DJs que nos han deleitado con su música en eventos pasados realizados por ARTA Immersive Music y PIMR, dos de los sellos de minimal más representativos de la escena local, y que han contribuido grandemente al desarrollo y mantenimiento de un nicho que parece ser bastante selecto y compacto, hasta en su manera de hacer clubes. 

Y no sólo esto, la noche de apertura de -1 vió el florecer de lo que para mí fue una de las selecciones musicales más elegantes en memoria reciente por parte de DJs locales, hablo por supuesto de los sets de Canedo y  Mauro Calderón, que de la manera más espontánea, somera, y que atravesando la noche hasta el desenlace propuesto por el mismo Topper, nos lograron sumergir, y lo digo en el sentido más literal de la palabra, en un túnel amorfo, oscuro y a la vez radiante, preciso, pero a la vez cambiante, rebosante de lujuria, seducción y voluptuosidad, haciendo exudar las sensaciones de placer más íntimas pero sinceras en medio de la pista.

Fina fiesta.

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