Por: Alejandro González Castillo

La escena electrónica en Bogotá está en un proceso de constante mutación. A lo largo de los últimos años hemos podido presenciar la evolución de la vida nocturna desde los distintos ángulos que la componen: música, público, lugares y conceptos. Éste último es el que se ha convertido en un motor de cambio constante, y que de una u otra forma, se centra en el ánimo de ofrecer una experiencia más completa y elaborada. Desde el punto de vista de los espectadores, lo anterior es un factor decisivo y de gran valor, siendo que muchos de nosotros vamos en busca de algo que no solamente nos genere algo de diversión y esparcimiento, sino que nos estimule intelectualmente y nos invite a explorar un sinnúmero de posibilidades y tendencias que convergen en un espacio donde el mundo se detiene por unas horas, pero la vida se acelera a mil revoluciones por minuto.

Exactamente eso fue lo que apreciamos de la manera más gustosa la noche del pasado viernes 28 de abril, en un escondido y misterioso punto del centro de la ciudad durante la primera entrega de la serie de instalaciones para la experiencia de la música y el arte Sylum, el nuevo aporte de THC – The Hindie Corporation al circuito electrónico de la capital colombiana, con el apoyo de Krisol y la participación de Oberol Lab con una montaje artístico de leds y una exposición fotográfica a cargo de wiski fotografía.

En este primer capítulo, el protagonista de la noche fue el DJ/productor francés Shaun Baron-Carvais, residente del célebre club Concrete en París y conocido dentro del gremio artístico bajo el nombre de Shlømo. Como parte de su primer gira por Suramérica, el parisino visitó las ciudades de Bogotá y Medellín en Colombia, y Buenos Aires en Argentina, donde su paso se dió por el renombrado Under Club de la ciudad de la furia. Acompañándolo, la selección de artistas locales estuvo conformada por Arango, el live act de Cvbes, los dos Fly District y John Dope, Franck D, Kat, Monotechne, Le Conde y por último, la sesión B2B de Lega y Kundera.

Entrando en materia, es necesario decir que la noche de música que se vivió durante el emplazamiento fue de primer nivel. El francés, cabeza del sello Taapion, y contribuyente de los labels ARTS y Delsin Records entre muchos otros, hizo gala de una selección cautivadoramente dinámica, en donde con gran habilidad e ingenio, incorpora elementos de ambient que embellecen grandemente la mayúscula firmeza de la estructura rítmica y los incisivos bajos que logramos escuchar durante un set de 3 horas. La respuesta del público fue inequívocamente una boyante ovación ante la maniobra del artista, en la cual el inescapable placer del baile fluyó caudalosamente entre los cuerpos presentes en el seductor y sombrío recinto.

Siempre es un enorme placer poder contar con personas determinadas a ofrecer una plataforma que cumple a cabalidad con las expectativas y mantiene los estándares de calidad en medio de un proceso de reinvención, en donde el factor sorpresa es una peligrosa arma de doble filo, pero que en este caso jugo a favor de todos los que formaron parte de este espléndido episodio, que sin lugar a dudas plantó la semilla para algo que seguramente está por crecer de manera exponencial.