Oh My Drag!: El colectivo Pop LGBTI que propone un nuevo Underground

Fotos por: Gato Acosta.

Una primer vistazo de 360º dentro de las paredes del club Sutton, ubicado en la Cra. 15 con 93 en Bogotá, durante la presentación de la concursante de la segunda temporada y el All Stars 2 de Rupaul’s Drag Race, Tatianna, mostraban un paisaje no tan común dentro de la vida nocturna de Bogotá: varios chicos vestidos drag queens, tomándose fotos y haciéndose selfies en una alfombra dispuesta a la entrada del recinto; gays y heterosexuales con sus respectivas parejas disfrutando de un trago, sin conflictos y una fuerte –e innegable– energía sexual que, apoderada del club, se desdibujaba entre “clasicazos” pop y temas contemporáneos fusionados con electrónica.

“Nosotros estamos vendiendo algo que no se reserva el derecho de admisión, porque desde cualquier lugar del mundo –Leticia– puede comprar la boleta y venir. Damos la oportunidad de inclusión […] Esto es un proyecto de fans para fans” cuenta con un ímpetu y seguridad Juan José Jiménez resumiendo el proyecto que se ha venido gestando en menos de un año y se ha amplificado a gran escala dentro de la comunidad LGBTI haciendo eco entre todos los otros gremios que conforman la vida nocturna capitalina.

El proyecto en cuestión es OH MY DRAG!, una nueva propuesta dentro del nightlife liderado por el colectivo ‘PRISMA Proevent’ que como el poliedro mismo, busca mostrar el espectro completo de una comunidad diversa que a pesar de disfrutar de una comodidad y una cada vez más indiscutible aceptación, sigue recurriendo a refugios e imaginarios nocturnos para brillar sin prejuicios y desplegar el variado y enriquecido abanico que conforma un tema tan natural y tan tabú, como lo es la sexualidad.

““Voy a ir en drag. ¿Puedo ir en drag?” […] Mi familia no sabe que hago drag, me voy a vestir donde un amigo –¿me puedo desmaquillar en el baño del bar?” Es una de las constantes preguntas que le llegan a Juan José Jiménez, Camilo Ramírez y Roberto Colmenares, socios y mentes dentro del proyecto, quiénes desde su debut, hace 7 meses con Laganja Estranja se van haciendo un hueco dentro del competitivo círculo de eventos en Bogotá. Para ellos, el temor de no saber controlar a un público que aún cuando se le daba la libertad de “ser uno mismo” dentro de las paredes del establecimiento podría sorprender por sugestivos vestuarios, sirvió de inmediato para generar un proceso educativo desde su primera fiesta. 

“Manejemos una comunicación asertiva y positiva. Prepárate y trae tu mejor outfit. Apoyémonos todos juntos como comunidad” eran algunos de los mensajes que se podían leer en cualquier material publicitario alrededor de Oh My Drag!, haciendo de ésta iniciativa no sólo una fiesta, sino un ducto que iba generando una cultura en un inexplorado terreno por muchos de nosotros, quienes solíamos verla por fuera de la burbuja y en este caso con el reality, a través de una pantalla electrónica.

Adelantarse a entender el psique de los posibles asistentes, a los cuales se les estaba dando una permisividad de asistir como quieran en los eventos podía ser entonces, un ingrediente perfecto para un desastre o para un éxito seguro. Afortunadamente, la segunda opción prevaleció. 

A pesar de haber propuesto y vendido su proyecto dentro de un espacio seguro donde las ataduras e imposiciones sociales y culturales no tenían cabida, estas tres cabeza comenzaron a trabajar como maestros de ceremonia hasta el último detalle guiando la fiesta desde que se entra a Sutton, hasta que se cierra el telón.

La música (junto a la reina de turno invitada) comenzó a jugar también un papel importante dentro de la experiencia de Oh My Drag!

Un setlist potente de tracks pop que se mezclan con bases electrónicas se han convertido en la orden de la noche dentro de sus fiestas. Una receta tan sencilla pero olvidada por los clubes, quienes han pasado por alto que su único propósito debería ser el de entretener y hacer bailar a sus asistentes.

El impacto ha sido tal, que es común ver ravers underground asistiendo a estas fiestas multiculturales que a diferente del gastado discurso de los raves, sí están ofreciendo experiencias. Quizás no tan nueva, pero sí muy ambiciosa.

Esto no significa que las fiestas Techno carecen de experiencia, pero no nos engañemos cuando nos encontramos en una unidimensionalidad y un notorio interés económico que ha desdibujado los propósitos de estas, como espacios de liberación, exploración y sí, hasta algo de hedonismo.

A muchos se les ha olvidado que las primeras “discoteques” eran destinadas para las minorías perseguidas: negritudes, latinos indocumentados, homosexuales y transexuales encontraron un refugio entre la escarcha y las luces reflejadas por una poderosa bola disco con mashups de tracks populares con bases discos. Algo que parece rescatar el colectivo PRISMA generando una tridimensionalidad magnífica con sus eventos.

Para la muestra, el logro más grande hasta la fecha es el de lograr bookear a la ganadora de la 7ma temporada, Violet Chachki, quién no solo se ha convertido en un referente e inspiración para muchos jóvenes que han optado para salir “de su cascarón” y abrazar su sexualidad desde temprana edad, sino como una de las verdaderas celebridades drag que ha logrado fusionar el mainstream con el underground. Aquel del que muchos de nosotros nos jactamos de ser parte mientras hacemos ruido en redes sociales a través de nuestros dispositivos electrónicos.

Con una exitosa carrera en su haber, Chachki no solo se muestra como una personalidad drag que se desdobla entre dos géneros, sino que ha cosechado un éxito musical, producto de sus temas electrónicos y de empoderamiento femenino o masculino (depende de cómo se le mire) a través de una perfecta estética pinup, que si bien representa la delicadeza de una mujer, su seguridad tempestiva está demoliendo estándares sobre sexualidad y todo lo que se puede conseguir como drag queen al abrazar su esencia.

A diferencia de –quizás– mucho de nosotros, personalidades como Violet y muchas de las 120 reinas que se han paseado por Rupaul’s Drag Race, vienen del verdadero underground, de los clubes subterráneos que mezclan tracks electrónicos pesados con pop mainstream y sonidos urbanos durante toda la noche con una naturalidad que no da espacio para polarizaciones de géneros (no solo musicales, sino sexuales) y en cambio encuentran una paz que la misma Violet resume en una frase “drag se trata de expresarse, no de competir” – mantra que podríamos aplicar todos dentro del mundo de la fiesta. El drag, claro, sería opcional.

El próximo 13 de Abril, Violet Chachki se estará presentando en Bogotá por primera vez, siendo la cuarta reina traída por el colectivo y la primera ganadora del show fenómeno que tiene atiborrada las redes sociales a diario. El colectivo tiene, para esta ocasión, todas las intenciones de botar la casa por la ventana y auguran que no será la única ganadora que traerán sino que revestirán el evento con nuevas actividades que no se limitarán a un performance y que de seguro redefinirán un nuevo underground.