Baum Festival 2018

Por: Alejandro González Castillo

La música es la expresión sonora de los sentimientos y las emociones más puras de los seres vivos y una manifestación cultural universal. A lo largo de la historia de la humanidad, distintas formas musicales han acompañado a cada una de las culturas y civilizaciones que han tenido presencia en este particular punto de la vía láctea, siempre identificándolas de manera sustancial. Sólo basta con echarle un rápido vistazo a los orígenes más pretéritos del ser humano para darnos cuenta de que la música nace simultáneamente con nuestra aparición en el mundo, gracias a nuestra capacidad de percibir sonidos y organizarlos con un cierto grado de complejidad.

Desde la prehistoria hasta la edad contemporánea, la música no sólo ha logrado establecer tradiciones culturales, sino evolucionar con el tiempo al verse intensamente caracterizada por distintos aspectos sociales como la religión, la geografía, la tecnología, la economía, la academia e incluso otras expresiones artísticas como la pintura, la literatura, la dramaturgia, etc. Es tanta la importancia de la música para el desarrollo social, la comunicación de ideas y el traspaso de tradiciones, que en la actualidad contamos con cualquier cantidad de eventos que giran entorno a la misma, como recitales, fiestas, conciertos y festivales de diferentes géneros y en un sinnúmero de lugares.

Como podemos ver, la música no sólo es una fuente de entretenimiento o una industria, sino el vibrante conjunto de decenas de miles de años de resonancias que han logrado quebrantar el tiempo, saturar el espacio y expresar nuestra presencia en el mundo. Algo absolutamente mayestático, ¿no? Pues bien, con esta premisa entramos a recordar y discutir lo que ocurrió hace exactamente una semana al norte de Bogotá en la cuarta edición de BAUM Festival, del que sobra decir se ha erigido como el festival de música electrónica más importante de nuestra ciudad actualmente.

Para muchos de los asistentes en esta cuarta edición, se comprobó casi categóricamente que la tradición sigue intacta. Al llegar al festival, recorrer los diferentes escenarios y bailar desenfrenadamente, con seguridad no sólo vaya a conocer varias personas y hacer nuevos amigos, lo cual es una de las experiencias más gratas que encajan en este medio, sino también reencontrarse con las personas que año tras año han estado ahí para compartir y disfrutar del fervor y la emoción que produce exponer el cuerpo a no sé cuántos decibelios por una gran cantidad de horas. La alegría que produce saber que existe una comunidad seguidora y que hace presencia fielmente cada oportunidad es una que realmente no puedo expresar con palabras, pero que probablemente queda registrada con una sonrisa de oreja a oreja o un grito de niña chiquita al ver los hermosos rostros de aquellos quienes nunca faltan a esta cita anual.

Este año particularmente, con el cambio de locación y la adición de un nuevo escenario, la experiencia del BAUM Fest se renovó y logró ofrecer una jornada musical que, al menos yo personalmente disfruté mucho más. Entre las 2 y 3 de la tarde comenzaron a salir los primeros buses desde el centro comercial Unicentro hacia el club Bellavista de Colsubsidio, en donde tuvo lugar el festival. Para mi grata sorpresa, muchas pesonas ya estaban presentes en horas de la tarde, a pesar del inclemente frío y la lluvia que han azotado a la capital colombiana todo este año.

Los encargados de abrir dos de los cuatro escenarios dispuestos para esta edición fueron DJ CAS también conocido como Fat Kid, introduciendo la dosis de tropical bass en el stage Heineken, y por otro lado Gelato, en el stage BAUM, a quienes les siguieron respectivamente Mao Loading y Mao Fonnegra, residentes del club. A las 3:30pm el stage Páramo entra en acción con el dúo de Daniel Jiménez y Felipe Gallo, Fly District, con su inconfundible sonido minimalero, mientras que el caleño David Noreña y el dúo de José Marulanda y Alejandra Reyes, Felina Spank, tomaba el mando en los escenarios Heineken y BAUM simultáneamente.

A las 5:00pm en el escenario Heineken llegaría la hora de uno de los actos nacionales más esperados por muchos, Julio Victoria arribó con un live set compuesto por toda la magia y el encanto de los sonidos tradicionales colombianos: una marimba y un arpa que embellecieron el atardecer de una forma nunca antes vista, además de un bajo y un set de percusión que le dieron aún más corporeidad a tan grandilocuente propuesta. Lo cierto es que muchos subestiman el poder de la instrumentación cuando de música electrónica se trata, y aún más si se trata de instrumentos tradicionales, pero Julio, con todo el brío y el denuedo que lo caracterizan, impuso un nuevo entorno musical en el que las melodías más deleitosas se trasladaban del pacífico a los llanos y nos recordaban lo importante y espléndido de estas dos escuelas musicales del país, que lograron imprimirse maravillosamente sobre el refinado y licensioso marco electrónico que ha hecho famoso al colombiano, no sólo aquí, sino en distintas partes del mundo. Sin duda una de las presentaciones más llamativas y hermosas de toda la tarde.

En los escenarios Páramo, se encontraba Caceress, uno de los DJs más reconocidos de la escena capital, a quien le siguió Verraco, desde Medellín, con uno de los sets más osados e intrigantes que he escuchado en mucho tiempo. La línea musical de Verraco es una que arremete con sorpresa y sobre todo mucha indocilidad. Moviéndose entre sonidos crudos e industriales, se acompaña también de toda la potencia y la muy sólida corpulencia del techno, desencadenando todo un ejército en la pista que se alimenta de la fuerza de la resistencia y el auge de la insurrección. Una manifestación poética del pronunciamiento de la rebelión y la sublevación de cientos y cientos de danzantes en forma de motín. Un espectáculo único y lleno de poder.

Al otro lado en el stage BAUM teníamos a Hernán Cayetano, uno de los fundadores de toda esta movida musical en Bogotá, a quien le relevó la DJ londinense Rebeca Godfrey, más conocida como BEC, con un set realmente impresionante. El caudillaje con el que esta mujer se adueñó del escenario fue absolutamente superior. Los festivales son la plaza perfecta en la que los DJs pueden darse el lujo de acribillar al público track tras track y esto es algo en lo que BEC es definitivamente una experta. La capacidad de dominio y el carisma que tuvo esta mujer durante su hora y media de set provocó uno de los desfogues de energía más memorables en todo el festival, y ciertamente será uno que difícilmente olvidaremos.

Mientras que BEC estaba acabando con todo el stage BAUM, el escenario Heineken presentaba a Satori & the Band from Space desde los Países Bajos, con un conjunto de música espiritualmente provocadora, llena de sonidos y tonadas propiciadas por arpegios y más arpegios producidos desde varios teclados, mezclados con voces evocadoras y terrenales.

A las 7:00pm la música comienza a sonar en el stage de Unterbog, quienes incursionaron por primera vez en el festival con una instalación audiovisual y 5 artistas de ataque, en lo que considero ha sido uno de los stages mejor producidos en la historia del festival, y que empezó con el japonés Kouhei Matsunaga, más conocido bajo el alias NHK yk koyxen, con una propuesta a la que únicamente cabe catalogar como experimental, llena de sonidos que parecen ser producto de un experimento científico conducido en un laboratorio por las mentes más avanzadas. Al tiempo, en los escenarios Heineken, BAUM y Páramo, se encontraban el veterano de Düsseldorf, Loco Dice, esperado por muchos en esta edición del festival con su famosa mezcla de techno, house y hip-hop, Raxon, desde Egipto, uno de los DJs más reconocidos de oriente medio y la australiana Lani Greer, mejor conocida  en el medio como Lux o Lani G, la reina de los after-parties en la-land down under y con más de 20 años de trayectoria musical en el país de las arañas.

Ryan Elliott, uno de los más esperados, al menos por mí, le recibiría a la australiana con un amortiguado pero distinguido set que recordaría sus célebres y elegantes toques en Panorama Bar, siempre delimitando una delgada y extraña trayectoria curvilínea que se mueve entre el house y el techno. Mientras tanto, Nicolás Sánchez aka Nyksan se montaría en el stage de la cueva de Unterbog, el londinense Jake Williams aka Rex the Dog, una de las figuras más brillantes del sello Kompakt por su estilo de producción que incluye sintetizadores analógicos por todas partes, hizo presencia en el stage BAUM, y adicionalmente la DJ belga Charlotte de Witte comandaría el stage Heineken.

Después de Ryan, llegaría al escenario Páramo el holandés radicado en Los Ángeles Kai Hugo, famoso por sus proyectos Palmbomen y Palmbomen II, presentándose bajo este último álias, con música inspirada por los X-Files. Al mismo tiempo, el colombiano Agua estaría literalmente destruyendo todo y a todos en la cueva de Unterbog, con un set tan apabullante que parecería ilógico que tan sólo unas máquinas pudieran producir tal cosa. El poderío con el que Agua se subió y comandó la hora y quince minutos por las cuales estuvo presente fueron tales que nadie pudo resistir ese arsenal de música tan enérgica y despampanante que desató la euforia total de todos los que estabamos allí. Un completo asalto al cerebro y las piernas. Una paliza de esas bien buenas, literalmente.

Y después de esta inesperada asonada musical, a las 11:00pm en punto en el escenario Unterbog, llegó quien para mí se coronó como el rey del festival este año, el estadounidense Mike Parker. Con toda la seriedad y austeridad del caso, la leyenda de Nueva York se apoderó de las unidades para enseñarnos de la manera más directa y menos estrafalaria toda la preponderancia y la supremacía que tienen el techno en la actualidad, y que además, surgió como un levantamiento de todo lo que está reprimido y escondido en los rincones más secretos del alma, la sociedad y el mundo. La expresión más máximalista de las intenciones más puras e íntimas que se pueden concebir, al menos musicalmente. Un triunfo absoluto de la electrónica contemporánea y un avistamiento del futuro.

Mientras que Parker estaba afilando los cuchillos del sonido, la representante más aclamada del techno y el electroclash francés de la década pasada, Miss Kittin, se hacía presente con su inconfundible look en el escenario Heineken, mientras que el el prodigio de Frankfurt, Monoloc y el gatuno español Coyu se montaron cada uno con sus singulares estilos en el escenario BAUM. Al mismo tiempo, Leon Vynehall, uno de los productores de house más destacados del Reino Unido en la actualidad, estaría haciendo gala de su ilustre repertorio con toda la sensualidad y el pariadisíaco céfiro que le caracterizan.

Completamente iluminados después de la revelación musical a manos de Parker, tuvimos la fortuna de apreciar el mordaz y cáustico cierre de una de las más grandes figuras de Northern Electronics, Anthony Linell aka Abdulla Rashim. El sensacional e inadvertido diálogo entre la agudeza y la experimentación que se encuentran en las producciones y sets del artista sueco son inimitables y provocadoras, integrando a la vez toda la lascivia y tenebrosidad que, a veces difícilmente, se logran encontrar comunicadas de una manera tan certera como  enigmática en un género tan acentuado y perceptible como el techno. Sin duda, un escape infinito de placer y lujuria.

El resto de escenarios contaron para su cierre con las presencias de Martin Gretschmann en Páramo, famoso por su alias Acid Pauli, quien con más de 20 años de carrera artística ha logrado acompasar una única mezcla de house, techno y psicodelia, el dúo de hermanos italiano Mind Against (Alessandro Fognini y Federico Fognini) en el escenario BAUM, recordándonos las épocas doradas de Life and Death, y finalmente en el escenario Heineken, un cuádruple B2B con Miss Kittin, Monoloc, Charlotte de Witte y BEC, que terminaría con la sorpresiva llegada de Marcel Dettmann, desde Alemania, quien a pesar de su retraso, llegó a cerrar el festival tajantemente.

Y como ya es tradición, a las 3:00am se apagan las luces del festival y los que tenemos fe y fuerzas arrancamos para el aeropuerto de Guaymaral al remate que se ha proclamado como toda una institución de los afters en Bogotá, este año con un line-up que, de verdad, dejó a más de uno sin aliento, con nadie más y nadie menos que Marcel Dettmann, Miss Kittin, Ryan Elliott, Mind Against y Monoloc, por mencionar algunos de los que alcancé a ver de cerca, porque cada año van más y más personas con todas las ganas y toda la determinación a continuar y compartir alrededor de la música, con el cielo como testigo y las avionetas volando tan alto como nuestras mentes. Fue una experiencia como ninguna. Es que hasta sonó Blur, Gorillaz y Depeche Mode, con eso les digo todo. Gracias BAUM Festival por un año más de excelente música y propiciarnos la mejor de las compañías. La felicidad de poder compartir todos juntos es la gloria misma que la música manifiesta al entrar por nuestros oídos. Gracias infinitas a todos, ¡nos vemos en un año!

 

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