Por: Alejandro González Castillo

 

I could turn into an invisible kid
Disappear out of sight, like a true magician
And one day uncle Ronnie brought over this new, but different
Music into the picture and it become my new religion
I remember it clearly, even today
Move back to Michigan again, to live with my grandma Ned
Always itchin’ for something to do, was flipping
Through the radio stations one day and discovered this DJ who was mixing
I say it to this day, if you ain’t listened to the The Wizard
You ain’t have a fucking clue what you was missing…

“Groundhog Day” by Eminem in The Marshall Mathers LP 2

En una conversación sostenida con Philip Sherburne para la revista musical Pitchfork Media en noviembre de 2015, Jeff Mills comentaba que, estadísticamente, él mismo no sería considerado uno de los mejores DJs del mundo. Complementa su afirmación señalando que hay DJs grandiosos en Detroit (la ciudad de la cual Mills es oriundo), Chicago y Nueva York, pero aún así, estadísticamente, la popularidad de los DJs en la actualidad niega ese hecho. Sin duda, como lo afirma el mismo Sherburne en su artículo, es muy extraño que una figura del mundo de la música de la talla de Mills diga eso, a sabiendas de que, al menos en lo que respecta al techno, él es ampliamente considerado como, no uno de, sino el MEJOR selector con vida en nuestro planeta en estos momentos. Una aseveración como esas se encuentra más allá de la humildad misma. Nos deja saber que Jeff Mills vibra en otra frecuencia, una que muchos de nosotros o quizá nadie conozca.

El mago (The Wizard) al que se refiere Eminem en su canción “Groundhog Day” es precisamente el mismo que nos visitó hace unas semanas en el marco del Link Indoor Festival en Bogotá, quien ya había hecho una primera parada en tierras chibchas el día anterior en el Festival Paralelo en Medellín, junto a DJ Rolando, otra leyenda del techno de Detroit. Tal cual lo dice el rapero quien también forjó su camino musical desde esta enigmática ciudad, si usted no ha escuchado al Mago no tiene ni puta idea de lo que se está perdiendo. Es una afirmación de facto, porque además, así usted esté escuchando a Jeff Mills y tenga una idea de qué es la música electrónica o el techno per se, le aseguro que tampoco va a tener la más mínima idea de qué es lo que está escuchando. Es música más allá de la capacidad auditiva acostumbrada. Hermosa e inescapable. Es algo que sencillamente, no tiene explicación.

Al menos yo no pude explicarlo. Ahora mismo, escribiendo estas palabras y tratando de representar en una plataforma textual lo que escuché de manos de Mills esa noche del 16 de septiembre, se me hace increíblemente difícil. Se me acelera el corazón, me tiemblan las manos al recordarlo. Fue una sensación que jamás había experimentado en mi vida entera. Dentro de mi asombro, le dije a muchos que había perdido la virginidad auditivamente ante tal demostración de habilidad y de esa manera intempestiva. Yo no estaba preparado para eso, para tanto. Probablemente ya los esté aburriendo con este sonsonete, pero, en realidad fue algo sobrenatural. Mi perspectiva de  la música ya no es la misma gracias a la presentación de Jeff Mills. Rompió todos los esquemas, parámetros, límites, como queramos llamarlo. Redefinió las alternativas de lo que uno puede llegar a esperar cuando se va a una fiesta o a un festival. Me ha hecho poner absolutamente todo en duda, incluso mi propia existencia en este planeta. Me rayó el disco duro de la torre.

El arte, sea cual sea, es algo que intrínsecamente genera emociones en los seres humanos. Digamos que, nuestro cerebro funciona como una cámara de cinco sentidos que usamos para interpretar y decodificar lo que sucede a nuestro alrededor diariamente. Eso nos deja en un plano un poco arbitrario, pero bastante objetivo a la vez; es decir, la cámara que es consciente, va a enfocar lo que le gusta por donde le gusta y como le gusta. Sabiendo eso, personalmente considero que los mejores trabajos artísticos o los mejores artistas son aquellos que logran despertar emociones al límite de la percepción, desde cualquier enfoque que se escoja. He aquí el hecho de que para mí, en este preciso momento, la música que escuché gracias a Jeff Millls es la mejor que he escuchado en toda mi vida.

Es curioso saber que, como lo afirma Jeff, el techno no es en principio música de baile. La música techno no fue diseñada con el fin de hacer bailar a las personas en una fiesta. Por un lado, se gestó como un movimiento de resistencia a la opresión y la pobreza, y por otro, está revelando un estado del futuro. Un lugar desconocido en donde la música suena así. No tiene explicación, es lo que es. A pesar de eso, la reacción automática del cuerpo al escuchar esa programación de sonidos altamente percusivos y con un sentido del ritmo tan apabullante sea la de moverse como sea. Es un ímpetu que se convierte en un acto de reverencia. En otras palabras, es música tan auto-justificada y con una presencia tan inexorable, que se tiene que reinterpretar de alguna forma al pasar por los oídos de sus receptores. Hay que moverse. Hay que celebrarlo. Toca bailarlo. Rave!

Fueron 3 horas en las cuales no me importó absolutamente nada más que escuchar lo que este mensajero del futuro tenía que contarme. Fue un mensaje tan personal como universal. Una revelación bíblica si así mismo se quiere. Un choque espiritual. Para mí, estuvo más allá de todo. Han sido las 3 mejores horas de mi vida. Nunca nadie había logrado conmoverme a tal punto, ni tocarme tanto y de tantas formas con MÚSICA. Tan grande ahí mismo, como en cualquier otro lugar, en cualquier otro momento.

Tengo muchas más cosas por decir, pero sólo sería seguir dándole vueltas a lo mismo. El mago, el alienígena, el profeta, el gran arquitecto del universo, el faraón, Cristo resucitado, joder, no sé, llamémoslo como nos de la gana. Yo sólo sé que me arrodillé en esa pista, junté las manos, comencé a rezar y grité: “JEFF MILLS ES DIOS”.


Esa noche, fue especial. No sólo lo digo yo, el mismo Henning Baer, el primer artista a quien tuve la oportunidad de escuchar esa noche, y que por cierto estuvo buenísimo, coindidió en sus propias palabras al decir que el set de Jeff Mills esa noche fue mind blowing. “No joke: I still can’t find words…”. Cuando Baer estaba montado en el escenario, pude apreciar su compromiso. En ese momento no entendía realmente por qué, pero sí se vió cómo el alemán estaba completamente entregado a su set. Era algo más que obvio que eso ocurriera, él comparte oficio con The Wizard. Es que uno no puede salir con cualquier cosa si va a tocar con Jeff Mills, la misma noche, en el mismo escenario.

Prueba de eso también fue Dany Rodríguez, el español radicado en Bélgica, quien al término del set de Baer, tomó el control con un gran carisma y con una selección que puso a bailar a todo el mundo intensamente, antes de la llegada de ya saben quien. En verdad, el set de Rodríguez fue una alegre y bastante cordial antesala para lo que Mills tenía preparado. Durante cerca de hora y media, la cabeza más visible de RMR se dedicó a sólo una cosa, propiciar la euforia para el transcurso de la noche.

Finalmente, después de las 3 horas de Mills, seguían las presentaciones programadas de Sónico y Detroit Techno Militia. Un final que, siento, de alguna manera fue un homenaje a Jeff. T.Linder y DJ Seoul de DTM no pudieron estar más en línea con el nivel de música que se logró experimentar esa noche. Su depliegue técnico es tan sorprendente, que sólo dejo lugar a la admiración unánime de quienes estábamos viéndolos recibir el amanecer. Detroit no miente. Ellos mismos lo dicen y de verdad que tienen cómo sustentarlo. Cuando de techno se trata, con Detroit se va a la fija. Es así como decidieron cerrar la noche, con una selección que demuestra el poder y el alma que se le puede sacar a una máquina, produciendo música que suena como si viajara en el tiempo. Un mensaje del futuro.

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